Anelio Rodríguez: “Los mascarones nos enseñan a reírnos de lo serio y a tomarnos en serio lo cómico”
El escritor palmero presentó en la Sociedad La Investigadora su nuevo libro, Biscuí y compañía, un ensayo “juguetón” —pero también riguroso— sobre los mascarones de La Palma y sus raíces. La obra reúne documentación, reflexión y 174 ilustraciones, además de un apéndice con las letras históricas de Los Enanos desde 1905.
La literatura se coló en la mañana de Herrera en COPE La Palma con una conversación que acabó siendo, también, una defensa del patrimonio festivo de la isla. El escritor y profesor Anelio Rodríguez Concepción pasó por los micrófonos tras la reciente presentación —el 29 de diciembre— de su nuevo libro, Biscuí y compañía, celebrado en la Sociedad La Investigadora con una escena que no se ve todos los días: la aparición sorpresa de Biscuí en persona para “presentar” la obra.
La anécdota, entre la broma y el gesto simbólico, encaja con el espíritu del volumen. “La idea era un poco de coña, pero en el fondo en serio”, explicó el autor. Porque el libro, aunque se apoya en el juego y la memoria sentimental, nace con una intención clara: ordenar, documentar y reivindicar el universo de los mascarones como parte esencial de la cultura palmera.
Qué es un “mascarón” y por qué Biscuí manda
Rodríguez recordó que en La Palma se llama “mascarones” a los gigantes y cabezudos —un uso que, según detalló, ya recoge la Academia Canaria de la Lengua— y situó a Biscuí en un lugar especial dentro de esa tradición: no es exactamente un gigante ni un cabezudo al uso, sino una figura intermedia, “un cabezudo muy grande”, coronado por el bicornio frontal que recuerda al de Los Enanos.
En la presentación, la voz de Biscuí —reducida a un “ho, ho, ho”— necesitó traducción: el encargado fue Jorge Amado Guerra, quien lo ha llevado durante 25 años. Para el escritor, ese detalle no es menor: habla de una tradición viva, sostenida por personas concretas y por una comunidad que sigue entrando en el “encantamiento” de lo festivo.
Un ensayo con mecanismos de narrador
_ Biscuí y compañía_ no es novela ni recopilación de cuentos. Es, en palabras del autor, un ensayo: un texto construido a partir de documentación e información, pero atravesado por reflexión. En esa reflexión aparece una idea central: los mascarones funcionan como personajes, dotados de una personalidad que convive con la vida cotidiana. Y desde ahí, el libro se abre más allá de la isla: Canarias, Europa y América Latina entran en el mapa para rastrear orígenes, conexiones y sentido cultural.
La estructura del libro, tal como la resumió en antena, se divide en varios bloques: una parte dedicada al mundo general de los mascarones; otra centrada en Los Enanos (considerados también mascarones, pero con coreografía y protocolo propios); un recorrido tipo “censo” por las figuras, una a una, con su origen y autoría; y un apéndice que el escritor subrayó como una de las grandes aportaciones.
Las letras de Los Enanos, reunidas por primera vez
Ese apéndice incluye todas las letras conocidas de Los Enanos desde 1905 hasta la actualidad. Rodríguez se mostró sorprendido de que, pese a la importancia social del número, nunca hubieran aparecido reunidas en un solo volumen. Para él, ese vacío decía mucho del desequilibrio con el que se mira la fiesta: se ensalza lo más visible y, a veces, se descuida lo elemental.
En esa línea, el autor defendió que Los Enanos —“maravillosos”, dijo— no deben eclipsar el conjunto de la Bajada: una celebración religiosa que con el tiempo se volvió también fenómeno social y económico. Habló del “merchandising” como síntoma de época y pidió colocar cada elemento “en su sitio”, sin negar la magia, pero evitando que el foco lo devore todo.
Patrimonio, restauración y nombres propios
La entrevista también sirvió para poner en valor el trabajo de recuperación y restauración, especialmente el de la Asociación para la Protección de los Mascarones. Rodríguez elogió el cambio de mentalidad: de reemplazar piezas deterioradas comprando fuera, a restaurar y recrear desde la artesanía local.
En ese relato destacó figuras clave como don Félix Martín y su hijo Luis Martín, vinculados a la reconstrucción de mascarones tras el incendio de los años 30 en La Investigadora, cuando se encargó la fabricación y recreación de nuevas piezas —entre ellas, el propio Biscuí—. También citó a imagineros y equipos actuales que mantienen el legado y lo hacen crecer con nuevas incorporaciones inspiradas en la historia palmera.
174 ilustraciones y ni una sola fotografía
Otro rasgo singular del libro es su propuesta visual: 174 ilustraciones —pinturas, grabados, dibujos, reproducciones— y ninguna fotografía. Hay material local, aportaciones cedidas para la obra y referencias que llegan incluso al Museo del Prado, donde aparece representada la tradición europea de gigantes y cabezudos. Todo ello, explicó, con créditos detallados a cada colaborador.
Un libro “vivo” y nuevas ediciones en el horizonte
Rodríguez reconoció que el trabajo fue largo y discontinuo, “como el Guadiana”, compaginado con otros proyectos. Y dejó una idea que también define su manera de entender la investigación cultural: el libro no se cierra del todo. Con la buena acogida y las ventas, se plantea una nueva edición que podría incorporar nuevos hallazgos y piezas que han ido apareciendo después de publicado.
Al final, la conversación volvió a la frase que condensa la intención del ensayo: se puede bromear con los mascarones, sí, pero también hay que tomarlos en serio. Porque, como resumió el autor, en ese caos alegre y anárquico de las figuras hay una enseñanza cultural profunda: reírse de lo serio sin dejar de cuidar lo que se ama.




















