Isonorte se ve obligada a retirar los contenedores de ropa usada en La Palma y pone en riesgo diez empleos de inserción
La Palma está a punto de perder uno de sus proyectos sociales y medioambientales más singulares. La Fundación Isonorte ha comenzado a retirar los contenedores de recogida de ropa usada repartidos por la isla y se plantea el cierre progresivo de sus tiendas de segunda mano, al no poder seguir asumiendo en solitario los costes del sistema.
Así lo explicó su presidente, Eduardo Calderón, en una entrevista en COPE La Palma, donde advirtió de que la decisión arrastra también el posible despido de unas diez personas vinculadas a programas de inserción laboral y deja a muchas familias sin acceso a ropa a precios simbólicos.
Un modelo que funcionaba “de maravilla” desde 2013
El proyecto de recogida y reutilización de ropa usada arrancó en 2013. Isonorte instaló contenedores en distintos puntos de la isla donde la ciudadanía depositaba las prendas que ya no utilizaba.
Esa ropa se trasladaba a las dependencias de la fundación, donde se clasificaba:
- la que estaba en buen estado se preparaba, se etiquetaba y se ponía a la venta en las tiendas de Isonorte a un euro la prenda,
- la que no tenía posibilidad de segundo uso se separaba para su eliminación.
“El sistema funcionaba muy bien”, recordó Calderón. No solo se daba una segunda vida a miles de prendas, sino que además familias con pocos recursos podían vestirse en las tiendas de Isonorte “a un precio muy módico” e incluso, en coordinación con los servicios sociales municipales, muchas personas derivadas desde los ayuntamientos recibían la ropa de forma gratuita.
Actualmente, la fundación cuenta en la isla con cinco puntos de venta de ropa y enseres.
El punto débil: la ropa que no se puede reutilizar
El modelo empezó a tambalearse por una parte del proceso: las prendas que no admiten segundo uso. Esas toneladas de textil deteriorado no pueden tratarse en la planta de transferencia de La Palma y deben enviarse a la Península.
Calderón detalló que cada contenedor que se envía cuesta algo más de 5.000 euros, entre transporte y tasa de vertedero, y que Isonorte está enviando alrededor de uno al mes. A esto se suman los costes de recogida en la calle: camiones, personal, combustible y mantenimiento.
“Llevamos desde 2013 asumiendo la recogida del residuo textil en la isla. La actividad ya no cubre los costes y nosotros no podemos seguir perdiendo dinero”, lamentó.
Según expuso, desde el Cabildo se les trasladó que la competencia es municipal. Isonorte inició entonces una ronda de conversaciones con los 14 ayuntamientos de la isla, pero cada uno ha interpretado el problema “de manera diferente” y no se ha articulado una solución conjunta.
El cálculo que maneja la fundación es claro:
- para que el sistema siga funcionando, haría falta una aportación global de unos 90.000–100.000 euros anuales,
- repartidos entre los 14 municipios, para cubrir fundamentalmente la recogida y el envío de los residuos que no se reutilizan.
“La parte de clasificación y venta la asumimos con lo que generan las tiendas; esa parte es viable. Lo que no es viable es el coste de recogida y eliminación del textil que no sirve”, explicó Calderón.
Impacto social: empleo y familias vulnerables
La decisión de frenar el servicio tiene un impacto directo en el empleo: unas diez personas que trabajan en este proyecto de economía social y circular pueden quedarse sin trabajo. “Es una actividad bonita, se trata de alargar la vida útil de las cosas y generar oportunidades para gente que lo está pasando mal”, subrayó el presidente de Isonorte.
También se verán afectados los clientes habituales de las tiendas:
- familias que visten a sus hijos con chandals, abrigos o ropa de diario a un euro,
- personas jóvenes que compran por convicción medioambiental,
- y usuarios derivados desde servicios sociales y entidades como Cáritas.
Calderón recordó que informes recientes cifran en en torno al 30 % la población de Canarias que vive con menos de 600 euros mensuales, y que en La Palma hay centenares de personas en infravivienda o sin vivienda. En ese contexto, advierte, perder una red de tiendas donde “con 200 euros se podía amueblar una casa” o vestir a una familia entera es un golpe importante.
Más residuos al contenedor gris y un retroceso educativo
Otra de las consecuencias será el aumento del textil en la basura mezclada. Hasta ahora, la ropa se depositaba en contenedores específicos y una parte importante se reutilizaba.
Isonorte estima que en la isla se generan alrededor de 300 toneladas de residuos textiles al año, unos 10 kilos por persona, que ahora terminarán previsiblemente en el contenedor gris, en puntos limpios saturados o incluso abandonados en la vía pública.
A ello se suma un “retroceso educativo”. La fundación lleva más de ocho años realizando campañas de sensibilización en colegios, fomentando la reutilización. “Hemos acostumbrado a la gente a separar su ropa y a darle un segundo uso. Ahora, si quitamos los contenedores, estaremos deshaciendo todo ese trabajo”, advirtió.
Una obligación legal que ya está aquí
Calderón recordó además que la ley de residuos obliga, a partir de este año, a que los ayuntamientos pongan un contenedor específico más en la calle para la recogida del textil.
Esa misma norma establece que, como mínimo, el 50 % de la recogida debe licitarse para empresas de inserción o entidades de la economía social, como Isonorte. En la Península ya hay municipios que han empezado a hacerlo, con experiencias positivas, como el caso de San Bartolomé de Tirajana en Gran Canaria, donde una empresa social gestiona la recogida textil en un modelo similar.
“Tenemos un modelo que cumple la ley, que genera empleo, que deja valor añadido en la isla… y lo estamos dejando caer”, lamentó.
Llamamiento a una solución insular y consorciada
El presidente de Isonorte insistió en que la responsabilidad es de los 14 ayuntamientos, salvo que decidan consorciar el servicio y que pase a gestionarse a través del Consorcio de Servicios insular, que podría licitar una recogida unificada.
Un modelo consorciado, defendió, permitiría:
- una única licitación en lugar de catorce,
- un reparto claro de costes por población,
- y un ahorro de trámites y tiempo administrativo.
En paralelo, Isonorte sigue apostando por la economía circular. La fundación ha adquirido recientemente una parcela en el suelo industrial de Barlovento para concentrar allí la reparación de electrodomésticos, muebles y otros enseres, así como el almacenamiento de ropa para fiestas como los Indianos o Carnaval, con la idea de seguir promoviendo el segundo uso.
A pesar de la frustración tras más de tres años intentando que las administraciones entiendan la dimensión del problema, Calderón asegura que seguirán defendiendo este modelo. “Lo que está claro es que hay que alargar la vida útil de las cosas. Tenemos los recursos aquí: vamos a aprovecharlos, a seleccionarlos, a generar empleo y a dar oportunidades a nuestra gente”, concluyó.




















