San Andrés y Sauces viaja al Antiguo Egipto en su Belén más ambicioso: “No hay nada al azar”
El Belén de San Andrés y Sauces vuelve a convertirse esta Navidad en una de las paradas obligatorias de la isla. Y este año lo hace con un salto sorprendente: el nacimiento tradicional se traslada, con todo lujo de detalles, al Antiguo Egipto. Detrás de esta recreación está Abián Lázaro, artesano y creador del montaje, que reconocía en Herrera en COPE La Palma que el proyecto le ha empujado a “salir de la zona de confort”.
“Siempre hay que innovar y arriesgar… nunca mejor dicho, en el nacimiento”, contaba Lázaro, consciente del desafío que supone levantar un Belén de gran formato como el de la Casa de la Cultura Manuel Guardia Roldán, en San Andrés y Sauces. Esta edición no se limita a cambiar un decorado: propone una ambientación completa, con arquitectura, paisaje, iluminación, sonido y efectos especiales que envuelven al visitante en una escena casi cinematográfica. El objetivo, dice, era claro: “Lograr lo más parecido posible al paisaje de Egipto” sin perder el corazón del relato navideño: las escenas principales del nacimiento se mantienen, integradas en ese contexto egipcio.
El trabajo, como cada año, empieza mucho antes de que el público cruce la puerta. Según explicó el artista, el montaje arranca “en la segunda mitad de septiembre” con la instalación de tarimas y la planificación de la parte técnica: luz, sonido y estructura. A partir de ahí, llega la fase más minuciosa: construir, texturizar, pintar, colocar y corregir. “Son muchas horas, muchas tardes… muchas noches”, resumía. Un proceso lento, artesanal, donde cada pieza tiene intención y cada rincón está pensado para contar algo.
Parte del mérito —subrayó— es el trabajo colectivo. Lázaro compartió el protagonismo con el equipo que le acompaña: carpintería, electricidad y personal que colabora en el desarrollo diario del proyecto. “Eso es lo que hace que cada tarde, todos los días, vaya bien la evolución del trabajo”, apuntó.
En la entrevista, el propio conductor del programa lo describía con una frase que se repite entre quienes ya lo han visitado: “No hay nada al azar”. “Si hay una sombra, es porque esa sombra va ahí”, decía, destacando el nivel de cuidado del montaje. Lázaro coincidía: para llegar a ese resultado hace falta investigación previa, búsqueda de materiales y una metodología casi obsesiva. “Hay que cuidar detalles muy pequeños: las figuras, lo que llevan, la arquitectura… cómo es realmente el Antiguo Egipto”.
Hasta hay guiños que sorprenden al visitante, como la presencia de Cleopatra integrada en una de las escenas, dentro de un templo con columnas, paredes y relieves inspirados en la iconografía egipcia. Un juego creativo que, lejos de distraer, potencia el carácter narrativo del conjunto.
Pero si algo se le queda a Lázaro de todo el proceso es el momento de la verdad: la reacción del público. Especialmente el día de la inauguración, cuando se bendice el Belén y se enciende por primera vez. “Siempre me quedo con la cara de los niños, de los más adultos… te reconforta”, confesaba. Y esa respuesta, añadió, también llega por escrito: cada año deja un libro de firmas para que los visitantes compartan sensaciones. “Los leo cada día… te llena y te da ganas de continuar”, admitió, incluso en esas tardes en las que el cansancio amenaza con ganar.
El Belén puede visitarse en la Casa de la Cultura Manuel Guardia Roldán. Está abierto desde el 4 de diciembre y se mantendrá visitable hasta el 11 de enero, con horarios de lunes a viernes de 17:00 a 21:00, y fines de semana y festivos de 11:00 a 13:30 y de 17:00 a 21:00.
Además de su faceta creativa, Lázaro reivindicó el valor de las tradiciones que sostienen la Navidad en el municipio. Forma parte de la Ronda de los Divinos y vive estas fechas “al 100%”, defendiendo una costumbre que considera “histórica y mágica”. Para él, es “el alma y la magia de la Navidad Saucera”.
Con el listón “bien alto”, como le comentaban en redes y como ya advierten quienes han pasado por la sala, San Andrés y Sauces vuelve a demostrar que un Belén puede ser mucho más que un montaje navideño: puede ser una experiencia, un reclamo cultural y, sobre todo, un punto de encuentro para vecinos y visitantes.
























