“Los niños guarros”, de Nacho Rubio, entre los 20 mejores libros infantiles en español del año según la Fundación Cuatrogatos
El escritor y poeta afincado en La Palma celebra en Herrera en COPE La Palma la selección de su obra entre unas 1.600 publicaciones del ámbito hispanohablante y anuncia nuevos proyectos: un álbum ilustrado, un homenaje literario a la Isla y hasta una secuela prevista para 2027.
Santa Cruz de La Palma. El escritor y poeta Nacho Rubio vive “en una nube” desde que supo que Los niños guarros ha sido seleccionado entre los 20 ganadores del listado anual de literatura infantil en español que elabora la Fundación Cuatrogatos, con sede en Miami. En una entrevista en Herrera en COPE La Palma, Rubio reconoció la emoción que le produjo la noticia y subrayó lo que supone para un libro “irreverente” y “muy divertido” que juega —sin complejos— con la hipérbole y la realidad cotidiana de la infancia.
Según se comentó en antena, la Fundación Cuatrogatos realiza una criba amplia de títulos publicados en el mundo hispanohablante —España y Latinoamérica— y, de entre ese volumen, selecciona una veintena de obras destacadas. En ese contexto, Rubio valoró el respaldo de un jurado externo a cualquier círculo local: “Que este libro haya sido seleccionado por un jurado objetivo… me provoca un orgullo infinito”.
Aun así, el autor relativizó el peso de los galardones frente al termómetro que, a su juicio, marca de verdad la vida de un libro: el reconocimiento diario de las familias y el aula. “El otro premio es el que se recoge día a día”, dijo, aludiendo a esos mensajes que recibe de padres y madres cuando le cuentan que sus hijos piden releer el libro “todas las noches” o que lo mantienen en el “top 10” de su estantería.
Humor, hiperbole y una “materia prima” muy cercana
Los niños guarros se mueve en un terreno que, de entrada, sorprende: poesía infantil con humor basada en “guarrerías” que, en realidad, cualquiera ha visto en un colegio o en casa. Rubio explicó que el motor literario del libro es exagerar lo reconocible —mocos, legañas, despistes de higiene— hasta convertirlo en un juego poético. “El material originario es real”, defendió, convencido de que precisamente por eso conecta con niños y adultos.
El autor reconoció que la “materia prima” estuvo en casa. Padre de tres hijos y profesor de Secundaria, situó su experiencia familiar y educativa como un laboratorio continuo para entender qué engancha a los lectores más jóvenes. Y aprovechó para lanzar una reflexión sobre hábitos de lectura: apostar por libros atractivos y con calidad, que inviten a disfrutar antes que a sufrir una obligación. “Lo primero por donde hay que empezar es por cosas divertidas, pero al mismo tiempo que tengan su calidad”, resumió.
En esa línea, Rubio dejó clara su preferencia por la literatura que entretiene sin caer en el sermón. Se mostró crítico con los libros que nacen como tesis cerrada o con intención adoctrinadora: “Haz literatura de calidad del tema que sea… pero no metiéndoles una tesis”.
El premio como altavoz… y el peso de la ilustración
El escritor admitió que el impacto de un reconocimiento así también tiene una lectura práctica: ayuda a posicionar un título en librerías, a despertar el interés de editoriales y a abrir puertas a nuevos manuscritos. “En este mundo… un poquito de signos distintivos te posiciona”, afirmó.
Rubio, además, quiso repartir el mérito del premio: destacó el trabajo del ilustrador Mark Taeger, cuyas imágenes —contó— han sido muy valoradas junto a la calidad literaria. Incluso citó una ilustración concreta que, según él, le recuerda “al grito de Munch” por su intensidad expresiva, dentro de un estilo “infantil, que no infantiloide”. “La mitad del mérito es de Mark”, sentenció.
La noticia le llegó de manera casi clandestina, como relató en antena: sin comunicación previa directa por parte de la Fundación. Fue su editora quien lo vio publicado en la web del organismo y le escribió a primera hora. Él lo resume con una imagen clara: “Me pegó un bote… de la alegría”.
Circuito por bibliotecas y colegios… y una reedición con música
En la entrevista, Rubio señaló que el libro ya está presente en “casi” todos los centros educativos de La Palma, aunque su objetivo es ampliar el circuito. De momento, han realizado presentaciones en bibliotecas y actividades en distintos puntos de la Isla, con la intención de llegar “a todos los municipios” y, especialmente, a los colegios.
No lo plantea —dijo— como un negocio: aseguró que su ganancia por ejemplar ronda los “ochenta céntimos”, pero sí como una oportunidad para que el libro circule por bibliotecas, se lea, se juegue y se trabaje en el aula. Puso ejemplos que le han llegado desde fuera: profesorado que ha creado juegos tipo “tres en raya” o “memory” con personajes del libro, o actividades manuales inspiradas en los poemas. “El libro da para muchísimas cosas”, insistió.
Entre los próximos pasos, avanzó que Los niños guarros será reeditado tras el buen rendimiento de la primera edición y que esa nueva tirada podría incorporar códigos QR vinculados a un proyecto en marcha: musicalizar poemas con la colaboración de artistas infantiles y profesorado de música. Una idea que, según contó entre risas, ya forma parte de la banda sonora familiar… con canciones que terminan repitiéndose “18 veces” de camino al colegio.
Nuevos títulos: Mi Sombra, un homenaje a La Palma y una secuela en 2027
Rubio aprovechó el espacio para anunciar que en febrero o marzo publicará Mi Sombra, un álbum ilustrado por la artista argentina Rebeca Luciani, que describió como “precioso”, “sensible” y “profundo”: la aventura de una niña y su sombra.
También confesó que está moviendo un manuscrito titulado Pizpochito y Papayoyo, la historia de dos duendes en La Palma. Aunque nació en Madrid, el autor se reivindicó “muy palmero” por su vida asentada en la Isla —trabajo, familia, vínculos— y definió ese libro como un homenaje a “la isla que tanto me ha dado”.
Y dejó una “primicia” con fecha larga: la secuela de Los niños guarros ya existe en su cabeza y tiene título: Los niños reguarros. Si todo va como espera, “saldrán en 2027”.
Tradición literaria familiar
En la conversación surgió otro dato significativo: Rubio procede de una familia ligada a la escritura. Confirmó que su padre, Antonio Rubio, también ha sido reconocido en el ámbito de la literatura infantil y lo describió como una referencia, especialmente por títulos muy presentes en escuelas infantiles. Para Nacho Rubio, que ambos coincidan en premios en un mismo contexto es “un pequeño hito histórico”.
Con el entusiasmo todavía fresco, el escritor cerró la entrevista agradeciendo el cariño recibido y el respaldo de quienes han hecho suyo el libro. Y dejó, quizá, la idea que atraviesa toda su propuesta: la poesía puede ser divertida, cercana y de calidad… incluso cuando habla de aquello que normalmente se esconde tras una mueca de pudor.




















