Ángel Alonso advierte en COPE La Palma de que el episodio de inestabilidad “está empezando” y reclama más pedagogía meteorológica

El colaborador y divulgador meteorológico explicó en Herrera en COPE La Palma que la tregua de sol vivida en algunos momentos no suponía el fin del temporal, sino una pausa entre frentes, y alertó de que lo más activo de la borrasca estaba aún por llegar

La aparente calma de algunas horas no debía llevar a engaño. Ese fue el principal mensaje trasladado por Ángel Alonso, considerado por muchos oyentes como el meteorólogo no oficial de referencia en La Palma, durante su intervención en Herrera en COPE La Palma, donde analizó la situación atmosférica de estos días y explicó que el episodio de lluvias, nieve y viento que afecta al archipiélago estaba lejos de haber terminado.

Alonso recordó que ya desde el martes 10 de marzo, e incluso desde días antes, venía observando en los modelos a medio plazo indicios claros de un cambio importante de tiempo coincidiendo con la despedida del invierno astronómico y la entrada de la primavera. Aunque insistió en que no es meteorólogo profesional y habló siempre desde la prudencia y la afición, reconoció que decidió compartir en redes sociales su previsión de que una borrasca atlántica podía dejar lluvias generalizadas y una nevada importante en cumbre.

Y los hechos, al menos en parte, le daban la razón. Durante la entrevista explicó que la nieve ya había hecho acto de presencia en cotas de entre 1.300 y 1.400 metros, con acumulaciones visibles en zonas como el Mirador del Llano de la Venta, el Refugio del Pilar y también en áreas altas visibles desde Santa Cruz de La Palma. No se trataba, señaló, de una gran nevada en espesor, pero sí de una bajada notable de la cota, acompañada de una sensación térmica claramente invernal.

Uno de los aspectos que quiso aclarar Alonso fue por qué, en algunos momentos de la mañana, no estaba lloviendo con la intensidad que muchos esperaban. Lejos de restar importancia al fenómeno, explicó que la situación respondía a un escenario “entre frentes”: los dos primeros ya habían dejado precipitaciones significativas en la isla, con registros cercanos a los 30 litros en algunos puntos y hasta 60 litros en otras zonas, pero aún faltaba por llegar la parte más activa del sistema.

Según detalló, esa mejoría temporal no era más que una pausa atmosférica, lo que la tradición popular denomina “la clarea del pastor”, antes de la llegada del núcleo de la borrasca y de un nuevo frente mucho más activo. En ese momento, explicó, el centro de la depresión se situaba aún sobre Madeira, pero su desplazamiento hacia Canarias hacía prever precipitaciones más abundantes, además de un empeoramiento progresivo del tiempo durante la tarde, la noche y el fin de semana.

En este sentido, insistió en que el episodio no solo iba a continuar, sino que podía cambiar de naturaleza. Si hasta ahora predominaba un tiempo de frentes, viento y chubascos asociados al paso de bandas nubosas, con la aproximación del núcleo de la borrasca podía entrar en juego una fase más convectiva, con tormentas, aparato eléctrico y una atmósfera más inestable. “Esto está empezando”, vino a resumir durante la conversación.

El divulgador también puso el foco en el riesgo de exceso de confianza por parte de la población. Advirtió de que esos claros en el cielo y el sol momentáneo podían transmitir la falsa impresión de que lo peor ya había pasado, cuando en realidad quedaba por entrar el tramo más activo del episodio. Por eso pidió prudencia y llamó a no banalizar la situación ni exponerse innecesariamente, especialmente evitando actividades como el senderismo en zonas de riesgo durante las horas de mayor inestabilidad.

En el caso de La Palma, situó los puntos más delicados en lugares ya conocidos por su vulnerabilidad, como las faldas de El Time y distintos barrancos de la comarca oeste, especialmente en Los Llanos de Aridane, donde la intensidad de la lluvia sí puede generar complicaciones. Aun así, matizó que el peligro depende siempre de la combinación entre el fenómeno meteorológico y la presencia humana o la ocupación del territorio.

La entrevista derivó además hacia una reflexión más amplia sobre la necesidad de mejorar la cultura meteorológica de la población. Alonso coincidió con el planteamiento de que en La Palma, y en general en Canarias, sigue faltando pedagogía para entender conceptos básicos como una dana, una borrasca, un frente o el comportamiento del anticiclón de las Azores. A su juicio, esa falta de conocimiento se hace especialmente evidente cada vez que llega un episodio adverso y obliga a tomar decisiones que afectan a colegios, carreteras, comercios, aeropuertos o a la actividad turística.

Junto a esa carencia divulgativa, reclamó una mayor inversión pública en meteorología. Explicó que la fiabilidad de los modelos depende directamente de la calidad de los datos que reciben y puso como ejemplo la necesidad de contar con más sondeos atmosféricos, más radares y mejores medios técnicos para alimentar esas predicciones. En su opinión, España todavía no trata la meteorología con la prioridad que merece, pese a su impacto directo en la economía y en la seguridad.

Alonso fue un paso más allá y vinculó esta cuestión con la ordenación del territorio. Recordó que muchas zonas inundables o cauces de barrancos son perfectamente conocidos, pero aun así se han cometido errores urbanísticos y de planificación que aumentan la exposición al riesgo. En ese contexto, defendió que los desastres naturales rara vez obedecen a una sola causa, sino a una suma de factores entre los que figuran el desconocimiento, la falta de previsión y decisiones humanas equivocadas.

La conversación concluyó con una idea clara: informar no es alarmar. Desde esa premisa, Ángel Alonso defendió que hablar con claridad sobre meteorología, explicar por qué sale el sol entre frentes o por qué una borrasca puede intensificarse sobre Canarias, forma parte de una labor pedagógica imprescindible para una isla y un archipiélago expuestos de forma recurrente a este tipo de fenómenos. Porque, como recordó recurriendo una vez más al saber popular, “este sol vino huyendo del agua”.

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