No puedo estar solo cuando todo va bien: el testimonio misionero protagoniza El Espejo de la Iglesia
El programa de COPE Tenerife y COPE La Palma, conducido por Francisco Hernández, dedica su edición al Domund con la participación de la Delegación de Misiones y los testimonios de dos religiosas africanas.
«Yo me voy a quedar porque no puedo estar solo cuando todo va bien». Con estas palabras, la misionera camerunesa María Claire explicó su decisión de permanecer en la República Democrática del Congo durante la guerra, pese al miedo y a las peticiones de su familia para que regresara a casa. Su testimonio fue uno de los protagonistas de El Espejo de la Iglesia, el espacio socioreligioso que Francisco Hernández conduce cada viernes, pasadas las 12:30 horas, en COPE Tenerife y COPE La Palma.
El programa dedicó su edición a las misiones y a las personas que entregan su vida al acompañamiento de otras comunidades, con motivo del Domund del 18 de octubre y del centenario de esta jornada de oración y cooperación misionera, instituida en 1926.
La nueva delegada diocesana de Misiones, Gladys Rodríguez, y la integrante de su equipo Isabel Díaz de Sousa abordaron el significado de una tarea que combina el anuncio del Evangelio con el servicio, la cercanía y la atención a quienes más lo necesitan.
Bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión», Rodríguez destacó que el compromiso misionero nace de la fe compartida. «La evangelización no es algo que podamos hacer individualmente», afirmó. Cada bautizado, explicó, aporta sus dones para caminar hacia un mismo objetivo: anunciar el Evangelio y llevar esperanza a los pueblos.
Una misión que también se vive en lo cotidiano
Isabel Díaz de Sousa señaló que la Delegación de Misiones trabaja para despertar y alimentar esa conciencia en las comunidades cristianas, además de promover la cooperación espiritual y económica con quienes se encuentran en territorios de misión.
Ambas recordaron que este compromiso también puede desarrollarse en el entorno más próximo: en las familias, en el trabajo, en el transporte público o a través de los medios de comunicación. «La misión está donde estamos, donde Dios nos pone», resumió Díaz de Sousa.
Para las personas que sienten inquietud por vivir una experiencia misionera fuera de su lugar de residencia, la delegación ofrece acompañamiento y orientación. Rodríguez explicó que el primer paso consiste en compartir esa vocación, conocer las motivaciones personales e iniciar un proceso de discernimiento. También subrayó la ayuda que puede prestar el párroco en ese camino.
La delegada, que recordó su llegada desde La Palma a Tenerife para estudiar en la universidad y la importancia que tuvo el grupo Hombres Nuevos en su vivencia de la fe, expresó su agradecimiento a quienes dedican su vida a los demás.
Permanecer junto al pueblo durante la guerra
El espacio incorporó también una entrevista realizada por Carlos Pérez a dos religiosas que visitan la diócesis durante el mes misionero.
María Claire, natural de Camerún y perteneciente a las Misioneras Dominicas del Rosario, situó el origen de su vocación en la fe de sus padres, el ejemplo de su párroco y el trabajo de unas religiosas que atendían a personas enfermas y sin recursos. Aquella experiencia despertó su deseo de ser misionera y enfermera.
Durante sus quince años en la República Democrática del Congo vivió situaciones de violencia, hambre y atención a personas refugiadas. Recordó cómo el estallido de los combates la sorprendió cuando se dirigía a trabajar y la obligó a permanecer un mes en otra comunidad, sin poder comunicarse con sus compañeras.
Aunque pensó en regresar a Camerún, decidió quedarse. Según relató, el ejemplo de otras religiosas que habían permanecido junto a la población en circunstancias extremas reforzó su determinación de acompañar al pueblo también en los momentos difíciles.
La vocación de ayudar y llevar esperanza
La hermana Ruth Joseph, natural de Kenia y miembro de las Misioneras de San Pedro Claver, destacó igualmente la influencia de su familia en su vocación. Hija de un catequista y sobrina de un sacerdote, explicó que su deseo de ser religiosa surgió durante la infancia y se concretó al ingresar en la congregación a los diecinueve años.
Ruth describió la animación misionera y el apoyo a proyectos como parte del trabajo de sus hermanas, presentes en los cinco continentes. Su propósito, señaló, es contribuir a mejorar la vida de otras personas y compartir el Evangelio.
«Dejamos todo para ayudar a los demás», expresó la religiosa, en un testimonio que puso rostro al mensaje central del programa: la misión se construye desde la fe, el servicio y la disposición a acompañar.

















